Si tienes la suerte de vivir en una casa con historia, sabes que su encanto es innegable. Sin embargo, estas joyas arquitectónicas a menudo presentan desafíos particulares, y uno de los más comunes es, sin duda, la gestión de la humedad. Este inconveniente puede manifestarse de diversas formas y, si no se aborda correctamente, puede afectar tanto a la estructura del edificio como a tu bienestar.
Ignorar este problema no es una opción, ya que puede comprometer la integridad de los materiales y, lo que es más importante, la salud de los habitantes. Por ello, es fundamental comprender su origen para poder aplicar el tratamiento adecuado. No te preocupes, es una situación habitual en la rehabilitación de este tipo de viviendas, especialmente en casas antiguas.
¿Por qué las casas antiguas son más vulnerables?

Las técnicas constructivas de antes eran muy diferentes a las actuales. Los muros de piedra o ladrillo macizo, aunque robustos, tienden a absorber la humedad del terreno por capilaridad si no existe una barrera impermeable en los cimientos, algo muy común en construcciones de época.
Estos materiales porosos permiten que el agua ascienda lentamente por las paredes. Además, las reformas posteriores a menudo alteran el equilibrio original. El uso de morteros de cemento o pinturas plásticas no transpirables puede atrapar la humedad dentro de los muros, impidiendo su evaporación natural y agravando el deterioro con el paso del tiempo.
Esto crea un ambiente que favorece la aparición de manchas y moho, un problema recurrente en edificios históricos. La ventilación también juega un papel crucial. Muchas de estas casas no fueron diseñadas para tener un flujo de aire constante, y al intentar mejorar el aislamiento térmico sellando ventanas y puertas, sin quererlo, podemos estar creando las condiciones perfectas para la condensación, especialmente en zonas como cocinas y baños.
Otro factor importante es el tipo de materiales utilizados en restauraciones pasadas. En algunos casos, los revestimientos modernos, aunque estéticamente correctos, no respetan la transpirabilidad original del edificio. El equilibrio entre conservar y proteger debe ser siempre una prioridad cuando se trata de viviendas con valor histórico.
¿Qué tipos de humedad puedes encontrar?

Saber identificar el origen del problema es el primer paso para solucionarlo. La humedad por capilaridad, por ejemplo, se reconoce por las manchas ascendentes en la parte baja de los muros de la planta baja. A menudo vienen acompañadas de desconchones en la pintura y la aparición de sales en la superficie.
Por otro lado, la humedad por condensación es el resultado de una alta concentración de vapor de agua en el ambiente. Se manifiesta en forma de moho en las esquinas, detrás de los muebles y en las superficies más frías, como los cristales de las ventanas. Es un claro indicador de que la ventilación es insuficiente para la actividad diaria en la casa.
Las filtraciones se deben a la entrada directa de agua desde el exterior, ya sea por una teja rota, una grieta en la fachada o una junta mal sellada. Estas manchas suelen aparecer en techos y paredes después de llover y tienen un contorno muy definido. Es uno de los espacios más propensos a desarrollar problemas si el mantenimiento no es el adecuado y no se realiza un control periódico del estado de la estructura.
Tratamientos especializados para cada situación

Abordar este inconveniente en una casa antigua requiere un enfoque cuidadoso y respetuoso con los materiales originales. Para la capilaridad, una de las soluciones más efectivas son las inyecciones de resinas específicas que crean una barrera química en la base del muro, impidiendo que el agua siga subiendo. Este tratamiento permite mantener la estética original sin alterar el equilibrio del edificio.
En el caso de la condensación, la clave está en mejorar la ventilación. La instalación de sistemas de ventilación mecánica controlada (VMC) es una excelente opción, ya que renuevan el aire de forma constante sin que tengas que abrir las ventanas, evitando pérdidas de calor. Esto mejora drásticamente la calidad del aire interior y reduce el riesgo de aparición de moho.
Para las filtraciones, la solución pasa por localizar el punto de entrada y repararlo. Esto puede implicar desde la sustitución de tejas hasta el sellado de fisuras en la fachada con morteros transpirables. Es un trabajo que requiere precisión para asegurar que el problema no vuelva a aparecer. En ocasiones, puede ser necesario impermeabilizar el perímetro exterior si el agua se acumula cerca de los cimientos.
En algunos proyectos de rehabilitación, los expertos recomiendan combinar varias técnicas, como la impermeabilización interior con revestimientos minerales, la aplicación de morteros de cal y la ventilación cruzada controlada. Este tipo de intervenciones ofrecen resultados duraderos y, sobre todo, respetuosos con el valor histórico del edificio.
En definitiva, vivir en una casa antigua es un privilegio que conlleva la responsabilidad de cuidarla. Tratar la humedad con soluciones respetuosas y efectivas es fundamental para garantizar su conservación y habitabilidad. Si te enfrentas a una de estas situaciones, no dudes en buscar el consejo de profesionales especializados. Ellos sabrán ofrecerte un diagnóstico preciso y una solución a medida.
Recuerda que cada edificio es único y merece un tratamiento adaptado a sus características. Actuar a tiempo te permitirá disfrutar de una vivienda sana, confortable y con toda la autenticidad que solo las casas con historia pueden ofrecer.














